Las flores de Bach y los animales

Las flores de Bach y los animales

Las flores de Bach pueden ayudar a sus animales de la misma manera que le pueden ayudar a usted o a su familia. La clave radica en tratar de ver la situación desde el punto de vista de su animal. ¿Cómo viviría su mascota si tuviese la elección? ¿Puede haber cambiado algo en casa que le haya asustado o perturbado? Para las situaciones más sencillas puede seleccionar las flores usted mismo, con la certeza de saber que se trata de un sistema suave y en el peor de los casos no harán ningún daño.

La dosificación es la misma que para las personas. Hay que diluir las flores para minimizar el contenido de alcohol, especialmente cuando se dan a las aves u otros animales pequeños. Si los diluye, practicamente no quedará huella del alcohol y no deberá causar ningún problema. Por esta razón recomendamos preparar un frasco de tratamiento y darle las gotas diluidas en su golosina.

Algunos fabricantes de flores las hacen sin alcohol y pueden estar etiquetadas como ‘para niños’ o ‘para animales’ o simplemente como ‘libres de alcohol’. Si las puede obtener donde vive, será una buena opción para sus animales (y para cualquiera que desee evitar el alcohol).

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Sólo un remedio

Sólo un remedio

Mediante la toma de las esencias, las flores de Bach nos ayudan a encontrar el equilibrio emocional que habíamos perdido. Cada una de las 38 flores de Bach está indicada para tratar un estado emocional negativo distinto, y depende de su correcta elección que el tratamiento resulte efectivo.

Sólo un remedio

Nora Weeks solía decir, “si te sientes que solo un remedio se necesita, ser valiente, dar uno.”
En efecto, puede hace falta valor. Aun cuando “sólo uno”, parece indicado a veces podriamos sentir una presión para sugerir unos cuantos más, para asegurarnos de que hemos cubierto todo.
El siguiente estudio de caso es un muy buen ejemplo de una occasion en la que “sólo uno” fue la mejor solución.
El cliente fue una mujer casada de unos treinta años, Sra J. Se sentia deprimida. Cuando vino a mi casa para la consulta se encontraba en un estado de ánimo bajo y hablaba muy tranquilamente, con un tono “plano”.
Le dijo a ponerse cómoda. Había una caja de pañuelos a la mano y el teléfono fue desconectado para asegurar que no se habrian interrupciones.
Le ofrecí un trago y le expliqué mi papel, diciendo que yo no estaba allí para dar consejos. Me explicó brevemente sobre los remedios y la forma en que fueron diseñados para tratar toda la gama de emociones humanas.
Le expliqué que no haria desaparecer sus problemas, sino que ayudarian a restablecer el equilibrio del usuario, lo que les permitiria afrontar mejor sus problemas.
Entonces le pedí que me dijera qué era lo que le había traído a verme, asegurándole que no tenía que hablar de cualquier cosa con la que ella no era cómoda.
La Sra J dijo que había estado sintiendo muy deprimida últimamente y no podía entender por qué. Ella tenia una buena relación con su parejo y su hijo, pero a pesar de que la vida era buena, le resultaba cada vez más difícil concentrarse en cualquier cosa – que era como si estuviera en una niebla.
Le pregunté si había pasado algo recientemente que pueda haber causado estos sentimientos, pero la Snra J dijo que no podía poner su dedo en cualquier cosa que podria haberlo causado.
No tenía problemas en el trabajo, y estos sentimientos acababa de salir de la nada.
Este le había sucedido antes y había estado tan preocupada en este tiempos que se fue a ver al médico. Ella recordo que sentia como si estuviera vadeando a través de lodo en aquel momento y, como entonces, había vuelto a pasar ahora de repente y sin razón.
De lo que la Snra J dijo el único remedio que me pareció que sería beneficioso eraMustard. Recordando como el Dr. Bach se esforzó por mantener el sistema lo más simple posible, me recordó que, a veces menos es más y no siempre es necesario tener más de un remedio a la vez.
Me sentí que Mustard ayudaría a la Snra J a recuperar su enfoque y restaurar la alegría de su vida.
Le conté sobre el remedio y mi razón para la elección de la misma, dando una explicación de lo que podría hacer.
Ella dijo que estaba dispuesto a probar cualquier cosa y que estaba feliz con mi elección.
Una cita más fue hecho para tres semanas, y estuvimos de acuerdo en que la consulta se llevaría a cabo en mi casa.
Cuando la Snra J llegó a la segunda consulta, el cambio en ella fue notable. Parecía feliz y sonreía ampliamente. Su tono de voz era alegre y su lenguaje corporal se habia mejorado mucho.
Hice un comentario sobre lo diferente que apareció y me dijo que se sentía como una mujer nueva.
Dentro de un par de días a partir de las gotas se dio cuenta de su efecto, y lo describió como una niebla empieza a levantar. Ella dijo que estaba muy impresionada, y como resultado había empezado a buscar información sobre los remedios en el web. Ella había ido a comprar una botella de Mustard a tener en la casa “por si acaso”.
La Snra J no sentía que tenía que tener otra consulta, pero dijo que quería conservar mi número telefónico para el futuro.

Las Flores de Bach y el origen de la enfermedad

Uno de los aspectos más notable de la terapia floral de Bach es la búsqueda y el tratamiento del origen verdadero de la enfermedad. Cuando nos enfermamos, normalmente buscamos un remedio rápido y eficaz para sentirnos mejor, pero casi nunca nos ponemos a pensar en el verdadero origen de esta enfermedad. Por ejemplo, si nos da gripe, normalmente lo asociamos con algo externo, como lo es el virus de la gripe o el que nos hayamos mojado, tomado una nieve o salido a la calle una noche en que hacía frío. Estos factores pueden ayudar a que nos enfermemos, pero no siempre que nos mojamos o convivimos con una persona con gripa nos enfermamos, así que debe de haber otro factor, y ése es el factor emocional.

Cada vez son más las investigaciones que comprueban lo establecido por el Dr. Bach: las emociones tienen un efecto profundo en nuestra salud. No solo afectan al sistema inmunológico, sino que crean predisposiciones a muchas enfermedades. Prácticamente a cada enfermedad se le ha asociado una emoción negativa.

Por ejemplo, emociones como el odio, la envidia y el resentimiento están relacionados con enfermedades como el cáncer y la diabetes. Las enfermedades de la piel se relacionan con la falta de autoestima. Siempre que hay cambios en el estilo de vida hay tensión emocional, lo cual debilita el sistema inmunológico, que a su vez propicia el desarrollo de enfermedades.

Es allí donde las flores de Bach muestran su valor. No solo sirven para resolver el problema emocional, sino también la causa emocional de la enfermedad. Mientras algunas terapias pueden simplemente aliviar los síntomas, las flores de Bach resuelven su verdadero origen. No por esto debe de dejar de tratarse la enfermedad a nivel físico, pero si no se resuelve el problema emocional, es muy probable que con el paso del tiempo el problema físico vuelva a aparecer.

Una vez que entendemos que las enfermedades tienen su origen en las emociones, podemos analizarnos a nosotros mismos hasta encontrar cuales fueron las emociones que provocaron la enfermedad. Por ejemplo, si tenemos gripe, podemos recorrer las emociones y experiencias del pasado que nos han llevado a esta enfermedad. Puede ser una simple tensión emocional pasajera, por aspectos familiares, escolares, o de trabajo, pero lo suficientemente poderosa como para debilitarnos lo suficiente para que la enfermedad física se presente. Una vez que tomamos conciencia de ello, es más fácil y rápido superar la enfermedad.

De esta forma, podemos entender a las enfermedades no como castigos o errores, sino como oportunidades para superarnos emocionalmente. Lo más deseable es que continuamente nos analicemos para conocernos a nosotros mismos, superando así nuestras limitaciones y alzando una mejoría personal. Pero si no nos autoanalizamos, entonces aparece la enfermedad, como si nuestro yo interno nos dijera: “¡Oye, me estás descuidando!”

Ahora, no siempre es fácil identificar esas emociones, y mucho menos superarlas. Entonces usamos las flores de Bach, ofreciendo al cuerpo un estímulo adicional para superar nuestros miedos, resentimientos y traumas, por ejemplo.

Las flores carecen de efectos secundarios

Las flores carecen de efectos secundarios, no interferieren con otras medicinas ni provocan efectos de habituación y mucho menos, intoxicaciones por sobredosis.

Tambien recordar que no existe un tiempo definido para su utilización, ya que dependera de cada persona, de su grado se sensibilidad, del tiempo que arrastra el problema, y del problema en sí mismo, aunque por regla general en no más de un mes se empiezan a ver resultados.

Flores de Bach

Origen de las flores de Bach

Esta terapia fue descubierta por el investigador, médico y homeópata Dr. Edward Bach entre los años 1926 y 1934. Para ello se inspiró en los estudios homeopáticos de Hahnemann, los cuales se centraba en “tratar al individuo en vez de a la enfermedad”, ya que creía en la idea de que la enfermedad corporal viene desencadenada por desequilibrios en la personalidad.

Al finalizar su investigación, el Dr. Bach había creado una terapia compuesta por 38 esencias florales. Cada una de las cuales estaba destinada a tratar un trastorno psíquico distinto, siendo su cometido eliminar estos conflictos interiores y consiguientemente sus síntomas físicos.

Para simplificar el sistema el Dr. Bach además dividió las flores en 7 grupos, englobando a las que pertenecían a la misma categoría emocional. También creó el Rescue Remedy, una combinación de 5 esencias florales para tomar en situaciones de emergencia.

La terapia con flores de Bach 

Las flores de Bach son una terapia natural que no tiene efectos secundarios y es adecuada para tratar tanto a adultos como a niños y bebés, así como animales y plantas. Los remedios suelen tomarse por vía oral, aunque también se pueden administrar por vía cutánea.

Fue voluntad del Dr. Bach que cualquier persona pudiese preparar su propio tratamiento y es por esto que creó un sistema de elección de flores tan sencillo. Aun así siempre es recomendable acudir a un terapeuta profesional cuando el problema es crónico.